El cerebro en desarrollo es un órgano particularmente complejo, una red interconectada de células que controla todo lo que experimentamos, hacemos o decimos. Si este intrincado sistema falla —ya sea por enfermedad, infección, lesión o genética—, las consecuencias pueden ser devastadoras. Cuando esto ocurre en la infancia, todo el futuro del niño puede verse en peligro.
Para los niños que enfrentan trastornos que afectan su desarrollo cerebral, su función o su comportamiento, el Hospital Infantil Lucile Packard de Stanford ofrece un nivel de atención avanzado que no está disponible en la mayoría de los demás hospitales. En nuestro Centro de Cerebro y Conducta, equipos multidisciplinarios combinan una amplia experiencia e investigación innovadora con un enfoque personalizado y centrado en la familia.
“Ya sea que estemos cuidando a un niño con autismo, epilepsia, cáncer o un trastorno alimentario, reunimos todos nuestros recursos para ofrecer una vida con mejores resultados”, dice Paul Fisher, MD, director del Centro de Cerebro y Conducta y jefe de la división de neurología infantil.
El impacto de los trastornos del cerebro y del sistema nervioso en la infancia, así como los efectos secundarios del tratamiento, pueden variar desde problemas emocionales y de aprendizaje hasta discapacidades físicas, problemas que pueden persistir durante la infancia y la adolescencia y hasta la vida adulta.
Por lo tanto, además del tratamiento médico vital, el centro ofrece apoyo cariñoso que continúa mucho después de que el niño salga del hospital, para facilitar su recuperación y el regreso a una infancia más sana y feliz. Con una amplia gama de recursos y servicios de apoyo, que incluyen fisioterapeutas, expertos en salud mental, consejeros genéticos y especialistas en desarrollo infantil, nuestro hospital atiende todas las necesidades del niño.
"Es un enfoque diseñado para mejorar tanto la supervivencia como la calidad de vida", afirma Fisher.
Agilización de la atención
El Centro de Cerebro y Conducta también adopta un enfoque integral para la investigación: médicos científicos trabajan en diferentes disciplinas para comprender mejor el sistema nervioso y cómo funciona, cambia y se descompone el cerebro. Gracias a la estrecha colaboración con la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford, se agilizan las interacciones entre investigadores y profesionales clínicos, sentando las bases para terapias innovadoras.
Por ejemplo, el creciente programa de epilepsia del centro está explorando nuevas ideas para reducir los efectos secundarios de los medicamentos y mejorar las opciones de tratamiento. Los estudios en curso podrían dar lugar a nuevos dispositivos que predigan la aparición de convulsiones y las prevengan.
Las investigaciones también apuntan al desarrollo de nuevos medicamentos y terapias especializadas para niños con trastornos del aprendizaje y del comportamiento, así como mejores herramientas para un diagnóstico más temprano.
“Gracias a los avances en investigación y tecnología, ahora contamos con herramientas de diagnóstico más precisas y más opciones de intervención”, afirma Fisher. “Al trabajar en equipo, podemos alcanzar rápidamente el diagnóstico y el tratamiento adecuados, y brindar tranquilidad a las familias que atendemos”.
Este artículo apareció en la publicación Lucile Packard Children's News en la primavera de 2014.


