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Miranda Ashland es una chica muy ocupada. Una estudiante de último año de secundaria de Saratoga, está llenando solicitudes para la universidad y protagonizando la producción de Oliver! de su escuela. Incluso ganó recientemente un concurso de comer pasteles durante la semana del espíritu escolar.
Con esta agenda tan apretada, Miranda aún encuentra tiempo para otra prioridad importante: apoyar al Lucile Packard Children's Hospital de Stanford, el lugar que le dio una segunda oportunidad de vida.

Motivo de esperanza

La familia Ashland llegó por primera vez al Packard Children's Hospital en 1995, cuando Miranda tenía tan solo dos meses y padecía atresia biliar, una enfermedad congénita grave que provoca insuficiencia hepática. Tras reunirse con especialistas en trasplantes, sus padres, Michele y Tom, sintieron una nueva emoción: alivio.

“Sabía que estaba entre expertos”, recuerda Michele. “Cuando vas a Packard, escuchas ese tono subyacente de: 'Sabemos qué hacer y vamos a cuidar de tu hijo'”.
La bebé Miranda recibió un trasplante de hígado con éxito y pasó casi un mes recuperándose en el hospital. Su dedicado equipo de atención en el Packard Children's se convirtió en una familia más, acompañándola de cerca durante sus chequeos regulares y ayudándola a superar complicaciones postrasplante que podrían haber tenido un desenlace trágico. Hoy, Miranda atribuye su buena salud a 18 años de atención excepcional.

Las familias primero

En Packard Children's, la atención a los pacientes no se limita a brindar una medicina de primer nivel. El hospital valora la atención centrada en la familia, que la reconoce como socia en el bienestar de su hijo. Este enfoque, señala Michele, permite a las familias comprender mejor el tratamiento de su hijo y a los médicos comprender mejor su perspectiva.
Michele quedó tan impresionada con este modelo que comenzó a participar en el Consejo Asesor Familiar y finalmente se unió al personal de Packard.

Actualmente, trabaja con otros padres de Packard aportando información para mejorar las políticas y prácticas del hospital, y también ayuda a las familias a obtener la información que necesitan para cuidar mejor a sus hijos.

Los abuelos de Miranda, Marilyn y Arden Anderson, también se sintieron inspirados a contribuir. Ambos son voluntarios del hospital desde hace mucho tiempo, y Marilyn pertenece a la Auxiliar de Palo Alto, que ayuda a recaudar fondos para el Hospital Infantil Packard.

Dando gracias

En septiembre, Miranda habló en la celebración inaugural del proyecto de expansión de Packard Children's.

"Estoy muy emocionada por la expansión de este hospital", dijo ante un público que colmaba el lugar. "Significa que más familias podrán entrar, recibir la atención que necesitan y tener la esperanza que les acompañará el resto de sus vidas".

Miranda creció en el Hospital Infantil Packard. Aún recuerda sus frecuentes viajes a la cafetería para tomar yogur helado, "con chispas", dice riendo. Hoy, en su transición a la edad adulta, se ha hecho cargo de sus necesidades médicas, desde llevar un registro de sus recetas hasta comunicarse por correo electrónico con su equipo médico.

“Solía sacarme sangre sentada en el regazo de mi mamá”, recuerda. “Eso fue hace mucho tiempo. Ahora tengo mi licencia de conducir y voy sola”.

Aunque se acerca su última cita pediátrica en el Packard Children's, está deseando conocer el nuevo hospital. Cuando llegó el momento de escribir su discurso para la ceremonia de inicio de obras, Miranda sabía exactamente lo que quería decir.

Pensé en lo que significa la ampliación y en lo que este hospital ha significado para mi familia. Esta era mi oportunidad de agradecerles.