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"Son niños muy felices y les encanta la aventura", dice Lee, padre de Austin, de 7 años, y Olivia, de 5. "También son muy bromistas. ¿Quién iba a decir que a los niños de 5 años les gusta mandar mensajes?"

Austin y Olivia tienen autismo y han participado en estudios en Stanford que les ayudaron a desarrollar habilidades lingüísticas mediante terapia conductual. "Han respondido de maravilla a la terapia. Estamos muy agradecidos con el equipo de Stanford", añade Lee.

Gracias a su apoyo a Autism Research, más familias como las de Austin y Olivia pueden tener oportunidades de embarcarse en aventuras y demostrar que no hay límites para los niños con autismo.